“No están solos”: solidaridad y esperanza para las personas refugiadas

“No están solos”: solidaridad y esperanza para las personas refugiadas

Cada 20 de junio, el mundo hace una pausa para mirar de frente una de las realidades más dolorosas de nuestro tiempo: la de millones de personas obligadas a abandonar su hogar. El Día Mundial del Refugiado, establecido por las Naciones Unidas, no es solo una fecha conmemorativa. Es un recordatorio, una denuncia y una promesa: que ninguna persona desplazada Está sola.
 
En 2025, el lema que guía esta jornada es claro y desafiante: “Solidaridad con los refugiados". No se trata solo de discursos. Es un llamado a la acción concreta, a la empatía activa ya la construcción de comunidades donde quienes huyen podrán reconstruir su vida con dignidad.
Un Faro de Esperanza en Iztapalapa: Primer Aniversario del Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini

Un Faro de Esperanza en Iztapalapa: Primer Aniversario del Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini

En el corazón de Iztapalapa, uno de los municipios más poblados y complejos de México, se alza un espacio de solidaridad y esperanza: el Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini. Este domingo 1 de junio, en Santa María 133, Magdalena Atlazolpa, la comunidad local y las personas migrantes que han encontrado refugio y apoyo en este lugar se reunirán para celebrar su primer aniversario. Pero más que una simple conmemoración, esta celebración simboliza un año de esfuerzo, dedicación y el profundo impacto de la solidaridad del ser humano en medio de una crisis migratoria sin precedentes.

Ser mujer, ser madre, ser migrante: la triple frontera de la esperanza

Ser mujer, ser madre, ser migrante: la triple frontera de la esperanza

Cada año, el 10 de mayo se convierte en una fecha de celebración, flores, abrazos y llamadas que cruzan continentes. Pero para miles de mujeres en movilidad, el Día de las Madres no siempre se celebra en un hogar estable, ni con la familia reunida. Se vive en tránsito, en espera, en lucha. constante. Y, sin embargo, está lleno de fuerza.

Ser madre migrante se enfrenta al mundo con el corazón partido y los brazos extendidos. Es cargar a los hijos no solo en los brazos, sino también en los sueños. es tomar decisiones imposibles y seguir caminando. Es amor que desafia la distancia, el miedo y la incertidumbre.

En Fundación Scalabrini de México hemos acompañado a muchas de estas mujeres, quienes día tras día nos muestran lo que significa el coraje cierto. Por eso, este año queremos rendirles un homenaje desde la palabra, desde la escucha y desde la memoria colectiva. porque su maternidad, vivida en contextos adversos, es también un acto político, un grito de vida, una semilla de esperanza.

La urgencia de una atención integral sin discriminación para niñas y niños migrantes

La urgencia de una atención integral sin discriminación para niñas y niños migrantes

En el corazón del fenómeno migratorio en México, hay un rostro que muchas veces se olvida: el de la infancia. Niñas y niños migrantes, en su gran mayoría procedentes de Latinoamérica, atraviesan el país en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Algunos lo hacen acompañados por sus familias, otros están solos, arrastrados por la violencia, la pobreza o los sueños inconclusos de sus padres.

Más allá de las fronteras, más allá de los derechos: La precaria realidad de los trabajadores migrantes

Más allá de las fronteras, más allá de los derechos: La precaria realidad de los trabajadores migrantes

Cada mañana, antes de que amanezca, millones de trabajadores migrantes en todo el mundo ya están en movimiento. Algunos abordan autobuses desvencijados rumbo a campos de cultivo.

Otros caminan hacia obras de construcción. Muchos más, especialmente mujeres, atraviesan calles adormecidas para limpiar hogares ajenos o cuidar niños que no son suyos. Son los rostros de la migración laboral informal, un fenómeno global que, si bien no aparece en las estadísticas oficiales ni se menciona en los discursos políticos, sostiene silenciosamente las economías de las ciudades y el campo en todo el mundo.

“Mi sueño, en estos momentos es llegar, entrar legal y empezar a trabajar. Tener un diploma y tener un trabajo" Paola, 24 años, venezolana.