Cada año, la Iglesia católica y comunidades de fe alrededor del mundo celebran la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, una fecha que trasciende credos, nacionalidades y fronteras. Es un momento para mirar de frente a quienes se ven obligados a abandonar su hogar, no por elección, sino por necesidad: buscando sobrevivir, proteger a sus hijos o reconstruir sus sueños.
Este 2025, en su 111.ª edición, la Jornada nos invita a abrir los ojos y el corazón. El Papa León XIV retoma las palabras de su predecesor Francisco y recuerda que migrar no es un delito ni una amenaza, sino parte de la historia humana. “Todo migrante, nos dice, lleva consigo un anhelo: ser acogido, protegido y reconocido en su dignidad”.