Una mirada desde dentro al desafiante camino de la procuración de fondos en Fundación Scalabrini
 
Todos los días, sin excepción, la puerta de una de nuestras casas de acogida se abre para recibir a alguien que lo ha perdido todo, a veces es un hombre que dejó su país buscando trabajo, a veces es una madre con su hija huyendo de la violencia, a veces es un joven solo, con la mochila vacía pero la esperanza intacta, y cada día, en cada espacio de la Fundación Scalabrini, se sirve un plato de comida caliente, se tiende una colchoneta limpia, se brinda atención médica, se escucha, se acompaña, se contiene, todo eso, cada día del año, requiere un acto de magia constante: conseguir lo imposible.

 

Ese imposible tiene nombre: procuración de fondos.

 
No es una tarea visible, no ocurre frente al comensal que viene, ni en la cama de una casa de acogida, es un esfuerzo callado que se teje en escritorios compartidos, en llamadas que esperan respuesta, en propuestas enviadas a decenas de instituciones, en la gestión de alianzas, en la esperanza de que alguien, en algún momento, diga "sí".

 

El primer reto: alimentar todos los días

 
Los padres Scalabrinianos mantienen en México el funcionamiento de cinco espacios de atención humanitaria, distribuida en distintos estados del país, entre ellos CDMX, Baja California, Jalisco y Estado de México. Durante el año 2024 atendimos a más de 15,500 personas migrantes y refugiadas, provenientes de 41 nacionalidades diferentes, eso implica que todos los días se deben comprar alimentos, cocinar, servir, limpiar; hacerlo para una familia ya es una tarea exigente, hacerlo para miles, sin descanso, es una hazaña cotidiana.
 
Conseguir recursos para la alimentación es un reto que nunca termina, hay momentos donde se logra un donativo importante, como el apoyo en especie que recibimos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o de la Central de Abastos, pero hay semanas en las que no hay asegurado ni el arroz del día siguiente, es entonces cuando la procuración de fondos se Vuelve un acto de fe, una carrera contra el reloj.

 

Lo urgente y lo importante

 
El albergue es un espacio donde conviven necesidades básicas: alimentación, baño, ropa limpia, un lugar donde dormir, pero también urgencias: un ataque de ansiedad de una mujer víctima de violencia sexual en el camino, un niño con fiebre y sin papeles, una mujer embarazada que necesita ver a un ginecólogo, todo eso sucede al mismo tiempo, y todo eso requiere recursos.
 
El presupuesto de la Fundación en 2024 fue poco más de seis millones de pesos, gran parte de estos ingresos fueron donativos en especie o apoyos etiquetados para proyectos específicos, lo difícil es sostener lo cotidiano, aquello que nadie quiere financiar pero que es esencial: el gas, el papel higiénico, el transporte, el personal que recibe a los recién llegados, ¿Cómo se consigue eso? con creatividad, insistencia y, sobre todo, con corazón.

 

Corazón y estructura: la procuración como arte

 
En la Fundación Scalabrini, la procuración de fondos no es un departamento con decenas de personas, es una tarea asumida por un pequeño equipo que también apoya en logística, acompañamiento, reportes y redes sociales, un equipo que, entre contestar mensajes de personas que buscan refugio, redacta proyectos, llama a empresas, busca becas, participa en convocatorias, intenta alianzas con universidades, prepara informes de impacto y rinde cuentas.
 
Y cuando no hay nadie en ese equipo disponible, son los mismos coordinadores de las casas quienes redactan, convocan, llaman, la procuración es colectiva, es una tarea de todos y de nadie, no hay una sola persona que se levante cada día a pedir fondos, pero todos, de alguna manera, lo hacemos.

 

La dignidad como argumento

 
Pedir dinero para migrantes es un reto en sí mismo, existe el estigma, la desinformación, la xenofobia, algunas empresas dudan en donar por temor a que su apoyo sea criticado, algunos particulares prefieren apoyar causas "más cercanas", pero cuando conocen una historia concreta, cuando escuchan el testimonio de una madre migrante que huyó de la violencia y que en nuestras casas pudieron recuperar la calma, algo se transforma.
 
En los últimos años hemos aprendido que la dignidad convence, no pedimos caridad, invitamos a construir humanidad, cada peso, cada litro de leche, cada colchoneta donada no es un favor: es un acto de justicia.

 

El milagro de cada mes

 
Hacer que una fundación sobreviva es una suma de pequeños milagros, a veces es una empresa que dona cobijas justo antes del invierno, o una parroquia que organiza una colecta sin que se lo pidiéramos, o una persona migrante, vuelve para donar su tiempo como voluntario.
 
No hay garantías, cada nuevo año se empieza de cero, pero también se empieza con la certeza de que no estamos solos, que hay personas que creen en lo que hacemos, y que están dispuestas a apoyarnos.

 

El otro lado de la moneda: la satisfacción

 
La procuración de fondos puede ser agotadora, las convocatorias fallidas, las puertas cerradas, los silencios, la burocracia, la incertidumbre, pero también es un camino de esperanza, porque cuando llega ese correo que dice "aprobado", cuando una empresa dice "cuenten con nosotros", cuando un donante manda su recibo de transferencia con un mensaje que dice "gracias por existir", todo cobra sentido.
 
Esa es la parte que no se ve, la sonrisa que se dibuja en la cara de quien obtuvo ese apoyo, la emoción de saber que una noche más podrá haber sopa caliente para todos, la satisfacción de que el esfuerzo valió la pena.

 

Procurar es cuidar

 
Procurar fondos es, en el fondo, procurar vidas, significa no permitir que falte nada en la mesa, que no se cierra ninguna puerta, que el acompañamiento siga, es decir con hechos, que cada persona en movilidad vale, importa, merece.
 
En Fundación Scalabrini creemos en una procuración que nace del corazón, pero que se construye con rigor, que se nutre de la compasión, pero también de la estrategia, que exige creatividad, pero sobre todo compromiso.
 
Y aunque muchas veces se hace en silencio, lejos de los reflectores, sabemos que es una de las tareas más importantes que tenemos, porque sin recursos, no hay refugio, sin apoyo, no hay atención, sin manos que den, no hay manos que acojan.
 
Por eso procuramos, porque sabemos que es imposible. Y acompañados por San Juan Bautista Scalabrini lograremos nuestra misión, proteger y apoyar a las personas migrantes y refugiadas que llegan a nuestro país en busca de una futuro mejor.