El 1 de marzo no es una fecha más en nuestro calendario institucional. Es memoria viva, gratitud profunda y compromiso renovado. Este 2026 celebramos cinco años de la Fundación Scalabrini de México A.C., cinco años de institucionalidad, organización y crecimiento formal, que se sostienen sobre una historia mucho más amplia de presencia scalabriniana al lado de las personas migrantes en México.

Cinco años pueden parecer poco en términos históricos. Pero cuando se trata de vidas acompañadas, de lágrimas contenidas, de platos servidos, de niñas y niños protegidos, de trámites legales iniciados y de abrazos dados en medio de la incertidumbre, cinco años representan miles de historias transformadas.

Hoy celebramos cinco años de hospitalidad organizada. Cinco años de convertir la compasión en estructura, la solidaridad en programas, la fe en acción concreta.

Una misión clara: acoger, proteger, promover e integrar

Inspirada en el carisma de San Juan Bautista Scalabrini, la Fundación nace con una misión precisa: acompañar, servir y defender a las personas migrantes, solicitantes de asilo, refugiadas y desplazadas en su tránsito y procesos de integración.

Como señalamos en nuestra presentación institucional, nuestra labor se concreta en:

  • Alojamiento temporal digno.
    Alimentación diaria.
    Atención médica básica y psicológica.
    Asesoría jurídica para regularización migratoria.
    Capacitación y talleres para el empleo.
    Atención especializada a grupos vulnerables: mujeres, niñas, niños, adolescentes y personas LGBTIQ+.

No se trata solo de brindar servicios. Se trata de sostener la dignidad humana cuando todo parece fracturado.

En un contexto donde el fenómeno migratorio ha crecido exponencialmente, donde miles de personas huyen de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, la Fundación Scalabrini ha decidido responder con estructura, profesionalismo y ética.

Una red de casas que se convirtió en hogar

En estos cinco años hemos apoyado a la red de Casas de Migrantes, para que sean espacios seguros en distintos puntos estratégicos del país:

Centro Comunitario Scalabrini, Iztapalapa, Ciudad de México.
Casa del Migrante Arcángel Rafael I, Iztapalapa.
Casa del Migrante Arcángel Rafael II, Ecatepec, Estado de México.
Casa del Migrante en Tijuana, Baja California.

Cada casa es más que un edificio. Es un punto de resistencia frente a la indiferencia. Es un espacio donde una madre encuentra descanso para su hijo. Donde un joven recibe orientación legal. Donde una familia vuelve a creer que su historia no terminó en la frontera.

Los padres scalabrinianos: raíces que sostienen la misión

Nada de esto sería posible sin los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos.

Su presencia histórica en México, con décadas de trabajo al lado de la población migrante, ha sido el cimiento espiritual y pastoral sobre el cual la Fundación ha podido estructurarse formalmente.

Ellos han acompañado fronteras, estaciones migratorias, deportaciones masivas y crisis humanitarias. Han estado cuando la migración era invisible y cuando se volvió tema central en la agenda pública.

Hoy reconocemos su liderazgo, su entrega silenciosa y su coherencia entre palabra y acción.

El personal: profesionalizar la compasión

Cinco años también son el fruto del trabajo cotidiano de:

  • Coordinadores de proyectos.
    Equipos legales.
    Psicólogos y trabajadores sociales.
    Personal administrativo.
    Equipos operativos en cada casa.

Cada trámite migratorio iniciado implica horas de asesoría.
Cada intervención psicosocial requiere formación especializada.
Cada reporte financiero exige rigurosidad técnica.

La Fundación ha demostrado que es posible conjugar espiritualidad con estándares internacionales de gestión humanitaria.

El voluntariado: solidaridad organizada

El voluntariado no es accesorio. Es parte esencial de nuestra identidad.

Nuestro convenio de prestación de servicios voluntarios establece claramente el carácter solidario y no remunerado de esta colaboración, así como sus derechos y responsabilidades.

En estos cinco años, decenas de voluntarios nacionales e internacionales han:

  • Apoyado en actividades logísticas.
    Impartido talleres educativos.
    Acompañado procesos de integración.
    Contribuido en comunicación y procuración de fondos.
    Jugado y aprendido con niñas y niños migrantes.

Su entrega ha sido un testimonio concreto de que la sociedad civil no es indiferente.

Celebrar cinco años es también reconocer a cada persona que firmó un convenio de voluntariado y decidió donar tiempo, talento y corazón.

Universidades, empresas y aliados estratégicos

La Fundación no trabaja sola.

En estos cinco años se han consolidado alianzas con:

  • Universidades que envían estudiantes en servicio social.
    Empresas que donan alimentos o financian proyectos específicos.
    Organismos internacionales que respaldan programas de protección.
    Parroquias y comunidades de fe que organizan colectas.

Estas alianzas permiten ampliar el impacto, profesionalizar intervenciones y asegurar sostenibilidad.

Cada empresa que confía en la Fundación fortalece la infraestructura humanitaria del país.
Cada universidad que envía estudiantes forma nuevas generaciones sensibles a la movilidad humana.
Cada donante individual sostiene una cama, un plato de comida, una consulta médica.

Cinco años en un contexto desafiante

Celebramos este aniversario en un contexto complejo:

Incremento sostenido de flujos migratorios.
Cambios en políticas migratorias nacionales e internacionales.
Saturación de sistemas de asilo.
Mayor vulnerabilidad de mujeres y niñez migrante.

La Fundación ha enfrentado estos retos con resiliencia.

Hemos adaptado protocolos, fortalecido sistemas de denuncia, reforzado medidas de protección y ampliado capacidades operativas.

No ha sido fácil. Pero cada crisis ha reafirmado nuestra convicción: la migración no es una amenaza, es una realidad humana que requiere respuestas humanitarias.

Gratitud: el corazón de este aniversario

Celebrar cinco años es, ante todo, agradecer.

  • A los padres scalabrinianos que sostienen la misión.
    Al personal que profesionaliza la compasión.
    A los voluntarios que entregan su tiempo.
    A las empresas que confían.
    A las universidades que forman.
    A los donantes que sostienen.
    A las personas migrantes que nos enseñan resiliencia.

Sin cada uno de ustedes, la Fundación no sería posible.

La importancia de celebrar

¿Por qué es importante celebrar cinco años?

Porque en un mundo donde la polarización crece, celebrar la hospitalidad es un acto contracultural.
Porque en medio de discursos de exclusión, afirmar la dignidad humana es una declaración ética.
Porque reconocer el trabajo colectivo fortalece la comunidad institucional.

Celebrar no es complacencia. Es memoria agradecida y responsabilidad renovada.

Una invitación abierta

Este 1 de marzo celebramos cinco años.

Pero más que una celebración interna, es una invitación pública:

A las empresas, a convertirse en aliadas estratégicas.
A las universidades, a formar generaciones solidarias.
A los voluntarios, a donar su tiempo.
A los donantes, a sostener la misión con aportaciones recurrentes.
A la sociedad, a mirar la migración con humanidad.

Cinco años que confirman una convicción

La hospitalidad no es ingenua. Es transformadora.
La solidaridad no es asistencialismo. Es justicia concreta.
La fe no es discurso. Es acción organizada.

Cinco años después de su constitución formal, la Fundación Scalabrini de México A.C. confirma que es posible construir una respuesta humanitaria profesional, ética y profundamente humana ante la movilidad global.

Este aniversario no cierra un ciclo. Lo abre.

Porque mientras exista una persona migrante que necesite un techo, una orientación legal, una escucha compasiva o un plato de comida, la misión continuará.

Y con la ayuda de todos, estos cinco años serán apenas el comienzo de una historia mucho más larga.

1 de marzo.
Cinco años de hospitalidad organizada.
Cinco años de dignidad acompañada.
Cinco años de esperanza en movimiento.