El Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini volvió a ser, una vez más, ese lugar donde la dignidad y el encuentro se vuelven palpables. pero Esta vez, la jornada tuvo un brillo distinto. El 7 de diciembre recibimos, con profunda alegría, gratitud y espíritu fraterno, la visita de SE Mons. Joseph Spiteri, Nuncio Apostólico en México, quien dedicó la tarde a convivir con las personas migrantes, la comunidad de Magdalena Atlazolpa e integrantes de la Fundación Scalabrini.
 
La presencia del representante del Papa León XIV no fue solo un gesto institucional, sino una expresión viva del mensaje que inspira nuestro trabajo: “No hay humanidad sin hospitalidad”, como nos recuerda San Juan Bautista Scalabrini.
 
Desde su llegada, Mons. Spiteri mostró esa cercanía que identifica al pontificado: escuchar, caminar entre la gente, preguntar por sus historias, bendecir los nuevos esfuerzos de atención y recordar, con claridad evangélica, que el compromiso con la dignidad humana no es opcional para quienes desean construir paz.
 

Un recibo lleno de comunidad y esperanza.

 
Voluntarios, familias migrantes, niñas y niños, personas de la comunidad local y el equipo del Centro Scalabrini se reunieron para recibir al Nuncio en un ambiente de alegría sencilla, espontánea y profundamente humana. hubo saludos, abrazos, breves conversaciones, palabras en distintos acentos y un mismo sentimiento compartido: bienvenida, dignidad, encuentro.
 
El Nuncio fue recibido afectuosamente por el P. Julio López Vivas, director de Fundación Scalabrini y director del Centro Comunitario, así como al P. Antonio Muraro, misionero Scalabriniano, con quienes más tarde concelebraría la Eucaristía.
 

Inauguración del Consultorio Dental: un servicio más para devolver sonrisas

 
Uno de los momentos más significativos de la visita fue la bendición del nuevo consultorio dental, recientemente instalado en el Centro Comunitario Scalabrini. Este espacio brindará atención tanto a personas migrantes como a vecinas y vecinos de la comunidad, fortaleciendo así el modelo de integración que caracteriza nuestra misión: construir puentes, no muros; crear espacios donde migrantes y locales compartan servicios, cuidados y vínculos.
 
Con una sonrisa franca, y palabras sencillas de Mons. Spiteri bendijo el consultorio, recordándonos que cada acto de servicio, por pequeño que parezca, es un mensaje concreto del Evangelio.
 

La Santa Misa: un llamado a la conversión, la paz y la dignidad humana

 
El corazón espiritual de la jornada ocurrió en la Eucaristía celebrada en la capilla del Centro Comunitario Scalabrini, concelebrada por el P. Julio López Vivas y el P. Antonio Muraro. La misa Reunión a personas migrantes, voluntarios, vecinos y miembros de la comunidad scalabriniana.
 
Mons. Spiteri abrió la celebración diciendo:
 
“Estimadas hermanas, estimados hermanos, es una gran alegría para un servidor estar con todos ustedes este día para celebrar la Santa Misa. Agradezco de todo corazón al Padre Julio López, Director de esta Casa de a los migrantes atención por su gentil invitación. Quiero enviar también un cordial saludo a nuestro Padre Obispo, Mons. Jorge Cuapio Bautista, Pastor de esta Iglesia local que peregrina en Iztapalapa y al Párroco de Santa Rosa de Lima, el Padre Jerónimo Hernández.
 
Ofrecemos esta Santa Misa para todas las personas que sufren, en modo particularmente los migrantes y las personas víctimas de la falta de atención hacia sus derechos fundamentales. Que el Señor nos abra el corazón para que Seamos constructores de paz y encontramos la fuerza necesaria para defender. siempre la dignidad de cada persona.”
 
Sus palabras resonaron con fuerza en quienes escuchaban. A continuación, compartimos íntegra la homilía que pronunció, testimonio de un mensaje profundamente humano y profundamente cristiano.
 

HOMILIA COMPLETA DE MONS. JOSÉ SPITERI

 
(7 de diciembre – Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini)
 
Estimadas hermanas, estimadas hermanos, las palabras de Juan el Bautista, que acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy, parecen muy duras. Él exige la conversión, es decir un cambio de corazón y de acción, de mentalidad y de modo de vivir, para poder recibir al Mesías, el Salvador que Dios ha enviado. La gente sabe que Juan es sincero y lo escucha insistiendo sobre la conversión porque el Reino de los cielos ya está cerca.
 
¿Qué quiere decir Juan el Bautista?
 
El Reino de los cielos significa la presencia del amor de Dios en nuestra vida. Es el amor lleno de ternura y misericordia que Jesús, hijo del hombre y verdadero Hijo de Dios, nos ofrece todos los días de nuestra vida. En este tiempo de Adviento, de preparación para la celebración de la fiesta de Navidad, a lo mejor podemos pensar que nos toca ir buscando el Reino de Dios. Hacemos muchos preparativos, es cierto, decoramos nuestras casas, ponemos el pesebre y el árbol de navidad, las nochebuenas y las luces. Al mismo tiempo, pienso que todos buscamos hacer un esfuerzo para portarnos un poquito mejor, para no enojarnos demasiado y no pelear, sino ayudar al próximo. A pesar de todo, en el tiempo de Navidad podemos notar un ambiente más sereno.
 
Sin embargo, lo que nos dice la Palabra de Dios es que, antes de nuestros esfuerzos para salir a buscar al Señor, es Él mismo, Jesús, nuestro Salvador, quien se acerca a nosotros para ofrecernos su amor y su ayuda.
 
Esto nos fortalece y nos llena de alegría inmensa; pero nuestro corazón debe estar limpio para reconocer al Señor y recibirlo con amor. Sabemos que Muchas veces no lo reconocemos porque tenemos tantos afanes, estamos tan atareados, pensamos solamente en nuestros problemas. Así, ni siquiera nos Damos cuenta de su presencia a nuestro lado.
 
Hace falta un cambio de corazón, como nos pide Juan el Bautista. sus duras palabras contra los fariseos y saduceos nos enseñan claramente que la conversión no es cuestión de un rito externo, no es algo que hacemos para ser vistos. El cambio de corazón que profesamos al confesar nuestras faltas debe reflejarse en un modo nuevo de pensar, de hablar y de actuar, al aceptar el llamado de Dios para vivir en su amor misericordioso.
 
Se trata de un nuevo modo de relacionarnos para ser verdaderos constructores. de paz. De esta manera, lograremos realizar, aunque poco a poco, lo que nos pide san Pablo en su carta a los romanos, como hemos escuchado en la segunda lectura: “Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda vivir en perfecta armonía unos con otros.”
 
Nos puede parecer casi imposible, un desafío demasiado fuerte, vivir en Perfecta armonía, un poco como la visión utópica que nos presenta el profeta. Isaías: “Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos y un muchachito los apacentará” Palabras poéticas lindísimas, ciertamente. Pero vemos cómo en nuestro mundo tantos lobos siguen matando a los inocentes, tantos hombres y mujeres siguen imponiendo la ley del más fuerte o la ley de la jungla sobre los demás. Y nosotros nos sentimos débiles, desamparados. Pero el Señor no nos abandona nunca. Él es nuestra esperanza y nuestra fuerza.
 
La visión de Isaías no es solamente una visión lejana, un deseo imposible. Dios puede cambiar el corazón humano. El Hijo de Dios se hizo hombre justamente por eso. Por eso, cada año Festejamos su nacimiento en la humildad de un pesebre, en una familia sencilla. Él ofreció su vida por nosotros y venció el mal con el bien, con su amor infinito. Él sigue acompañándonos con la fuerza de su misericordia para que sigamos caminando con Él en medio de las dificultades que encontramos, tejiendo relaciones humanas con paciencia, respetando la dignidad de cada persona, en modo particular de los más débiles, no hiriendo, sino fortaleciendo.
 
Pedimos al Señor que nos acompañe siempre, no solo en este Adviento, hacia la celebración de Navidad, sino todos los días, para que seamos testigos suyos, presencia de su ternura para con nuestro prójimo.
 
Que Jesús nos dé un corazón limpio, capaz de reconocer su misericordia de Dios en nuestra vida y  a nuestro alrededor. Que tengamos, con su ayuda, entrañas de caridad capaces de entender las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, para ofrecerles una mano en sus apuros. Y que nuestros pensamientos, nuestras palabras y acciones favorezcan siempre la concordia, la justicia, la solidaridad humana y la verdadera fraternidad.
 
Así sea.
 

Un mensaje que se vuelve misión concreta.

 
La homilía del Nuncio no quedó solo en palabras. Su mensaje refleja la esencia del carisma de San Juan Bautista Scalabrini, padre de los migrantes: mirar el rostro de cada persona migrante como un llamado a la fraternidad. Este espíritu es precisamente el que guía día a día a Fundación Scalabrini, cuyos proyectos buscan atender integralmente a personas migrantes desde la hospitalidad, la justicia y la dignidad humana.
 
Nuestro modelo de atención combina la asistencia humanitaria, el acompañamiento psicosocial, la formación para la autonomía, la defensa de derechos y la integración comunitaria. Esa es la misión que sostuvo el corazón de esta visita.
 

Mirando hacia adelante

 
El 7 de diciembre queda inscrito como un día de gracia y renovación para nuestra obra. La visita de Mons. Joseph Spiteri nos impulsa a seguir trabajando con más entrega, más profesionalismo y más esperanza para todos las personas en movilidad humana.
 
En medio de un mundo que levanta fronteras, la presencia del Nuncio nos Recordó que el Evangelio derriba muros. En tiempos de discursos que deshumanizan, su mensaje llamado a defensor con valentía la dignidad de cada persona. En días donde tantas familias migrantes cargan cansancio, incertidumbre y dolor, la jornada de hoy les regaló un respiro de luz.
 
Mons. Joseph Spiteri nos dejó una invitación clara: ser constructores de paz, defensores de la dignidad y testigos del amor que Dios tiene por cada persona migrante.
 
Que ese mensaje siga guiando cada paso de nuestra misión.