Durante 2025, la Fundación Scalabrini de México siguió caminando al ritmo de las personas migrantes. No fue un año sencillo, ni para quienes cruzaron fronteras, ni para quienes decidieron acompañarles. fue, pecado embargo, un año profundamente humano: lleno de encuentros, de manos extendidas, de historias compartidas y de esperanza sostenida día a día.
Las notas, publicaciones y mensajes que compartimos a lo largo del año, en nuestra página web, en redes sociales y en los distintos espacios comunitarios, no fueron simples informes de actividades. Fueron fragmentos de una memoria colectiva que habla de dignidad, resistencia y cuidado mutuo. Esta nota quiere ser eso: una mirada integral y agradecida a lo vivido y comunicado en 2025, desde la narrativa de los hechos cotidianos que construyen sentido.
El centro de todo: las personas migrantes
Cada publicación de este año tuvo un mismo punto de partida: el rostro de la persona migrante. Mujeres, hombres, niñas, niños, adolescentes y personas. mayores que llegaron a nuestros espacios con cansancio, incertidumbre y, muchas veces, con miedo; pero también con una fuerza profunda por seguir adelante.
En las historias compartidas se repitió una idea esencial: la migración no. define a la persona, pero sí revela su dignidad. En el Centro Comunitario Scalabrini, en la Casa del Migrante Arcángel Rafael, en los talleres, en las celebraciones y en los momentos más simples, una comida compartida, un juego, una conversación, se fue tejiendo un espacio donde volver a sentirse persona antes que número, historia antes que expediente.
Las niñas y los niños ocuparon un lugar central. Las actividades lúdicas, las piñatas, los talleres creativos y los momentos de fiesta mostraron que, incluso en contextos de movilidad forzada, la infancia necesita y merece alegría, juego y cuidado. Cada publicación que narró estas experiencias recordado que proteger la niñez migrante no es solo un deber legal, sino un compromiso profundamente humano.
El Centro Comunitario Scalabrini: un lugar para encontrarse
Uno de los ejes constantes de 2025 fue la vida cotidiana del Centro Comunitario San Juan Bautista Scalabrini. A través de distintas notas y publicaciones se fue mostrando este espacio no solo como un lugar de Sino atención como un punto de encuentro entre personas migrantes. comunidad local, voluntariado y aliados.
Aquí se desarrollaron talleres de capacitación, actividades comunitarias, celebraciones culturales y procesos formativos que tuvieron un mismo objetivo: fortalecer la autonomía y la autoestima de quienes participan. Los talleres de oficios, las actividades con mujeres, los espacios seguros para niñas y niños, y las iniciativas comunitarias fueron narradas siempre desde una lógica de proceso, no de asistencia puntual.
Las historias compartidas dejaron claro que el Centro no funciona solo por infraestructura o programas, sino por las relaciones que ahí se construyen. Relaciones basadas en el respeto, la escucha y la confianza.
Voluntariado: manos que sostienen, corazones que acompañan
Si algo quedó claro en las publicaciones de este año es que nada de lo realizado sería posible sin el voluntariado. Estudiantes, profesionistas, colectivos, personas de fe y personas de buena voluntad que decidieron donar su tiempo, su conocimiento y su presencia.
Cada visita, cada actividad compartida, cada taller impartido fue también una experiencia de aprendizaje mutuo. Las notas no presentadas al voluntariado como “ayuda externa”, sino como parte viva de una comunidad que se deja transformar por el encuentro con la movilidad humana.
Hubo publicaciones dedicadas a agradecer su compromiso, su constancia y su sensibilidad. En ellas se subrayó algo fundamental: el voluntariado no solo apoya, también se forma, reflexiona y crece. Acompañar a personas migrantes implica escuchar realidades complejas y, al mismo tiempo, reconocer privilegios y responsabilidades.
Alianzas que hacen posible el camino
Durante 2025, la Fundación compartió múltiples momentos de encuentro con aliados institucionales, organizaciones, empresas y autoridades locales. Las publicaciones que narraron estas visitas y colaboraciones tuvieron un tono claro: la atención a la movilidad humana no se sostiene en solitario.
Las alianzas fueron presentadas como puentes. Puentes entre sectores, entre visiones y entre recursos que, cuando se articulan con respeto, permiten ampliar el impacto y fortalecer los espacios de atención. Cada agradecimiento público fue también un recordatorio de que la solidaridad organizada transforma realidades.
Estas colaboraciones no se muestran como logros aislados, sino como parte de una red de corresponsabilidad social que reconoce la complejidad del fenómeno migratorio y la necesidad de respuestas conjuntas.
Fe, cultura y celebración: sosteniendo el espíritu
A lo largo del año, varias publicaciones dieron cuenta de celebraciones. religiosas, fechas simbólicas y momentos culturales que acompañan el camino migrante. La fe, viva desde la diversidad y el respeto, apareció como un elemento de consuelo, sentido y comunidad.
Las celebraciones no fueron presentadas como actos formales, sino como espacios de contención emocional y espiritual, donde las personas pudieron reconectar con su historia, su cultura y su esperanza. Las posadas, las fiestas, los momentos de oración y los encuentros culturales mostrados que el cuidado integral también pasa por el espíritu.
Comunicar con sentido: contar sin deshumanizar
Un elemento transversal de todo lo publicado en 2025 fue el cuidado en la narrativa. Las notas y posts evitaron el lenguaje del victimismo y apostaron por una comunicación respetuosa, cercana y humana. Contar lo que hacemos fue también una forma de incidir en la mirada social sobre la migración.
Cada texto buscó recordar que detrás de cada proceso hay personas concretas, con nombre, historia y dignidad. La comunicación se entendió como una herramienta de sensibilización, pero también de rendición de cuentas éticas ante la sociedad.
Agradecimiento colectivo
- Este recuento no estaría completo sin un profundo agradecimiento:
- A las personas migrantes, por su confianza, su fortaleza y por permitirnos caminar a su lado.
- A las niñas y los niños, que nos recuerdan cada día por qué es urgente. cuidar el presente.
- Al voluntariado, por su tiempo, su entrega y su sensibilidad.
- A las y los colaboradores, por sostener el trabajo cotidiano con compromiso. y profesionalismo.
- A las organizaciones, donantes y aliados, por creer en esta misión y hacerla posible.
Mirar hacia adelante
Las publicaciones de 2025 no cierran un ciclo; abre preguntas y compromisos para el futuro. La movilidad humana seguirá desafiando conciencias, estructuras y políticas. Frente a ello, la Fundación Scalabrini de México reafirma su convicción: seguir siendo hogar en el camino, espacio de acogida y comunidad que camina junto a quienes migran.
Porque acompañar no es solo asistir.
Es escuchar.
Es sostener.
Es caminar juntos.