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“No son números, son rostros”: Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2025

Comunicados 6 min de lectura Comunicación FSMX

Un colaborador de la Fundación Scalabrini carga en brazos a una bebé frente a un cartel con la imagen del santo
Un colaborador de la Fundación Scalabrini carga en brazos a una bebé frente a un cartel con la imagen del santo

Cada año, la Iglesia católica y comunidades de fe alrededor del mundo celebran la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, una fecha que trasciende credos, nacionalidades y fronteras. Es un momento para mirar de frente a quienes se ven obligados a abandonar su hogar, no por elección, sino por necesidad: buscando sobrevivir, proteger a sus hijos o reconstruir sus sueños.

Este 2025, en su 111.ª edición, la Jornada nos invita a abrir los ojos y el corazón. El papa León XIV retoma las palabras de su predecesor Francisco y recuerda que migrar no es un delito ni una amenaza, sino parte de la historia humana. Todo migrante, nos dice, lleva consigo un anhelo: ser acogido, protegido y reconocido en su dignidad.

Una historia de esperanza y heridas compartidas

Detrás de cada caravana que cruza México, detrás de cada familia que llega a una casa del migrante, hay historias que conmueven. Historias de madres que recorren miles de kilómetros con sus hijos en brazos, de jóvenes que sueñan con estudiar y trabajar sin miedo, de hombres que dejaron atrás la violencia o el hambre para buscar una vida nueva.

En palabras de San Juan Bautista Scalabrini, fundador de los misioneros que hoy acompañan a millones en el mundo:

No hay humanidad sin hospitalidad.

Esta convicción se vuelve carne en cada comedor comunitario, en cada consulta médica, en cada espacio de acogida donde lo esencial es recordarle a quien llega: tu vida vale, tu dignidad importa, tu futuro es posible.

Una misión que cruza continentes

La misión scalabriniana nació a finales del siglo XIX para acompañar a los migrantes italianos que partían hacia América. Muy pronto la obra se expandió a Canadá, Estados Unidos y América Latina, respondiendo a nuevas realidades: la pobreza en el sur, la guerra en Centroamérica, la migración forzada de pueblos indígenas, los éxodos de haitianos y venezolanos en los últimos años.

Hoy los scalabrinianos están presentes en más de 30 países, con parroquias, centros de estudios, casas de migrantes y programas de integración. Su historia es también la historia de millones de desplazados que encontraron en ellos un techo, un plato de comida y una mano amiga.

México: tierra de paso y de acogida

En México, los misioneros scalabrinianos y la Fundación Scalabrini de México A.C. han desarrollado una red de casas del migrante y centros comunitarios en lugares clave: Tijuana, Ecatepec, Iztapalapa y Guadalajara.

Solo en 2024, más de 15,500 personas de 41 nacionalidades diferentes recibieron atención directa en estos espacios. Se trata de mujeres, hombres, niñas, niños y adolescentes que, en tránsito o en espera, encontraron no solo un lugar seguro, sino acompañamiento integral:

  • Tres comidas diarias los 365 días del año.
  • Alojamiento temporal seguro.
  • Atención médica, psicológica y legal.
  • Espacios educativos y de capacitación para el empleo.
  • Apoyo espiritual para sanar las heridas invisibles.

El Centro Comunitario Scalabrini, inaugurado en 2024 en Iztapalapa, es un ejemplo de esta visión: un espacio donde migrantes y población local conviven, aprenden y construyen esperanza juntos.

Voces desde el camino

En la Jornada del Migrante y del Refugiado no hablamos de estadísticas, sino de vidas. Como la de María, joven hondureña que llegó a México con sus dos hijos pequeños huyendo de la violencia en su país:

Pensé que nadie me iba a tender la mano. Aquí encontré no solo un techo, sino a personas que me escucharon, que me dijeron que no estaba sola.

O la de Samuel, venezolano de 22 años, que en el CESFOM de Tijuana aprendió un oficio y hoy trabaja en una empresa local:

Quiero quedarme, trabajar y ayudar a mi familia. Gracias a este taller ahora tengo una oportunidad de verdad.

Estas voces nos recuerdan lo que el papa Francisco repitió tantas veces: el migrante no es un problema del que hay que defenderse, sino un hermano al que hay que acoger.

Un modelo integral de atención

La Fundación Scalabrini de México impulsa un modelo de atención integral basado en cuatro ejes:

  1. Atención humanitaria inmediata. Alimentos, alojamiento, ropa y atención médica básica.
  2. Atención psicosocial y jurídica. Apoyo a víctimas de violencia, asesoría en regularización y refugio.
  3. Empoderamiento y autonomía. Talleres, capacitación laboral, clases de español e integración comunitaria.
  4. Incidencia y defensa de derechos. Trabajo con organismos nacionales e internacionales para garantizar políticas más humanas.

Este modelo está inspirado en la espiritualidad de Scalabrini y en el llamado evangélico a acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes.

Una causa que nos une a todos

Celebrar la Jornada del Migrante y del Refugiado es, también, reconocernos como parte de una familia humana sin fronteras. Católicos, creyentes de otras religiones o personas no religiosas: todos compartimos la certeza de que ninguna vida debe descartarse.

El testimonio scalabriniano nos enseña que la migración no es solo desafío, es oportunidad. Oportunidad para construir comunidades más diversas, economías más dinámicas y sociedades más justas.

Como dijo Scalabrini hace más de un siglo, y hoy resuena con fuerza:

Mientras las razas se mezclan y se cruzan, está madurando una obra más grande: la unión en Dios de todos los hombres de buena voluntad.

El mensaje del Papa: soñar un futuro compartido

El papa León XIV nos llama a no tener miedo de la movilidad humana, sino a verla como un signo de los tiempos. Nos invita a construir puentes y no muros, a superar la indiferencia y a reconocer que las personas migrantes son parte esencial del presente y del futuro de nuestras sociedades.

Su mensaje toca fibras universales: el derecho a soñar, a vivir con dignidad, a ser parte de una comunidad. Es un llamado a que la hospitalidad no sea solo un gesto de emergencia, sino una cultura permanente.

Puedes leer el mensaje completo del papa León XIV para esta Jornada.

Un llamado a la acción

En México, en América y en el mundo, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado es una invitación a sumarse activamente:

  • A las comunidades de fe, para abrir sus parroquias y sus corazones a quienes llegan.
  • A las empresas y universidades, para generar oportunidades de empleo y educación.
  • A la ciudadanía en general, para donar, ser voluntario o simplemente ofrecer un gesto humano de reconocimiento.

Juntos podemos transformar vidas, porque no hay humanidad sin hospitalidad.

La 111.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado no es solo una conmemoración litúrgica: es un espejo donde vemos reflejadas nuestras propias raíces. Todos, de una u otra forma, descendemos de migrantes.

Por eso, mirar al rostro del migrante es mirar nuestra propia historia. Es recordar que nadie debería ser condenado a vivir en la periferia del olvido. Y es reafirmar que la hospitalidad, la solidaridad y la justicia son las únicas fronteras que vale la pena defender.

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