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Migrar siendo niño: la otra cara de la movilidad humana

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Una niña sonríe mientras carga en brazos a una bebé en una de las casas de acogida
Una niña sonríe mientras carga en brazos a una bebé en una de las casas de acogida

Infancias en movimiento

En México, miles de niñas, niños y adolescentes cruzan fronteras cada año. Algunos viajan con sus familias, otros con parientes lejanos, y no son pocos los que lo hacen completamente solos. Aunque cada historia es distinta, todas comparten un punto en común: la migración infantil no es una elección, sino una consecuencia de la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades educativas y, en muchos casos, de la separación familiar.

El fenómeno no es menor. Solo en 2024, la red de casas del migrante Scalabrini atendió a más de 5,000 niñas, niños y adolescentes en sus casas de acogida en México, lo que representa un tercio de la población total atendida. Son niños que, en lugar de crecer en entornos seguros, han debido aprender a sobrevivir en rutas migratorias llenas de riesgos.

Los riesgos que marcan la infancia migrante

Durante la travesía, la niñez migrante enfrenta peligros que amenazan su integridad física y emocional:

  • Violencia y abuso. Riesgo constante de trata, explotación laboral o sexual, y reclutamiento forzado por grupos criminales.
  • Inseguridad alimentaria y sanitaria. Largos periodos sin acceso a comida nutritiva o atención médica.
  • Interrupción educativa. Semanas, meses o incluso años fuera de la escuela, afectando su desarrollo.
  • Impactos emocionales y psicológicos. Ansiedad, estrés postraumático, depresión y miedo persistente.

Estos riesgos no desaparecen al cruzar una frontera. Incluso en territorio mexicano, la niñez migrante necesita protección y atención inmediata para garantizar sus derechos fundamentales.

El refugio como punto de partida

Las casas de acogida de la red Scalabrini, ubicadas en la Ciudad de México, el Estado de México, Jalisco y Baja California, son mucho más que un techo. En estos espacios, la atención es integral y está diseñada para proteger y promover el bienestar de la infancia en movilidad:

  • Alojamiento seguro. Áreas adaptadas para familias y para menores, con protocolos de protección infantil.
  • Alimentación nutritiva. Tres comidas diarias, pensadas para el crecimiento y la recuperación de los niños.
  • Atención médica y psicológica. Servicios básicos de salud y apoyo psicosocial para procesar el trauma.
  • Asesoría legal. Orientación para solicitar refugio, regularizar la estancia y defender derechos.
  • Apoyo educativo y recreativo. Clases de español, actividades escolares, talleres de arte, deporte y cultura.
  • Acompañamiento especializado. Programas para mujeres, adolescentes y grupos en situación de mayor vulnerabilidad.

En 2024 se sirvieron miles de platos de alimentos y se ofrecieron miles de atenciones médicas y psicológicas, contribuyendo a que muchos niños recuperen la seguridad y la confianza.

Sanar heridas invisibles

La migración deja marcas que no siempre se ven. La pérdida de rutinas, el desarraigo y el miedo constante pueden generar un impacto emocional profundo. La Fundación Scalabrini trabaja con terapias individuales y grupales, actividades lúdicas y espacios de expresión para que los niños puedan recuperar su bienestar emocional.

Estos procesos no solo buscan aliviar el dolor del pasado, sino también construir herramientas para el futuro, fortaleciendo la autoestima y la capacidad de adaptación.

Educación: un derecho irrenunciable

Retomar la educación es uno de los grandes retos para la niñez migrante. La Fundación colabora con escuelas locales y programas especiales para garantizar que los menores puedan estudiar mientras permanecen en México. Además, ofrece talleres de capacitación y actividades formativas que fomentan habilidades para la vida y la integración social.

Sobre este punto escribimos también en La urgencia de una atención integral sin discriminación para niñas y niños migrantes.

Un compromiso que necesita respaldo

Proteger a la infancia migrante es una tarea que requiere recursos, voluntad y compromiso colectivo. La experiencia de la Fundación Scalabrini demuestra que es posible ofrecer atención digna y segura, pero también que esta labor depende de la solidaridad de personas, empresas e instituciones.

Tú puedes cambiar la historia de la niñez migrante. Cada donativo, grande o pequeño, nos permite seguir ofreciendo techo, alimento, atención médica, educación y acompañamiento a miles de niñas y niños en situación de movilidad. Puedes apoyar con una donación económica o en especie: ropa nueva, alimentos no perecederos, artículos de higiene personal y material escolar.

Tu solidaridad se transformará en seguridad, esperanza y futuro para quienes más lo necesitan.


Contacto: comunicacion@fsmx.org · 55 5984 5485

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